viernes, 15 de abril de 2011

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Donde las banderas promueven el apartheid propio y ajeno. Donde las culturas únicas, aquellas que han sobrevivido a la globalización, se convierten en arma arrojadiza. Esa gente que se siente apátrida incluso con doble nacionalidad. Continuamente en tierra de nadie. Apartados por tener una cantidad diferente de melanina.

Como alguien dijo una vez, son flores de otro mundo. Flores por las que nadie está dispuesto a dar fertilizante, flores que viven en lugares donde los endemismos no les permiten sobrevivir. Siempre en peligro de extinción, recluidas en invernaderos llamados ghettos y con plagas de racismo en primavera, pero también en otoño, invierno y verano. Esquejes en suelo árido. Pétalos y lluvia ácida. Tallos cortados. Raíces que no arraigan. Flores marchitas sin remedio.

martes, 5 de abril de 2011

/34/


No sé que tienes, pero lo tienes. Tienes eso que hace que me fije en ti. Si te tocara, sé que sentiría electricidad. Somos de esos polos opuestos que intentan escapar pero acaban volviendo a juntarse. Quizás mañana mis labios se despegarán para decirte algo, desde luego no hoy...estoy demasiado consciente. 

Sé que habrá días donde la oscuridad devorará mis ojos, y espero que estés ahí para ser mi luz. Acompañándome de la mano hasta el final del túnel. No me importa que el camino sea eterno, cogido de tu mano todo se me hace corto. Y habrá días que no serán tan oscuros, solo nublados. Esos días donde tu risa hará que el sol vuelva. No sé si quiero saber quién eres, quizás entonces la magia se rompa. ¿Hablar o callar? Deja de reírte o me habrás convencido.

sábado, 2 de abril de 2011

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Cuando mejor se escribe, o se pinta, o se canta...es desde el odio, el inconformismo, la rabia, la violencia. En períodos de guerra. O cuando ésta acaba y los vencidos ocultan versos de esperanza entre los folletines. Y es que cuando el alma rota se despoja del cuerpo, afloran todas las pasiones. Las vivencias. La sangre. El olor a pólvora. Y, finalmente, todo lo perdido.

Solo ahí el arte consigue llegar a su punto álgido. Donde no importa lo estético o lo estilístico. Donde da igual verso alejandrino o puntillismo. Donde cada palabra es un puñal y cada pincelada una fosa común. Donde la siempre injusta muerte significa ansia por volver a luchar de nuevo. Esa pacífica lucha de todos los supervivientes, con su aguda vergüenza y sus cabezas llenas de pájaros, pájaros que nunca volverán a encontrar nidos que les acojan.

Hoy podemos decir gracias a todos esos artistas. Por sus noches pensando hasta dónde puede llegar la crueldad del hombre. Sus despertares con la esperanza de que lo que escriben o pintan sirva de inspiración para las generaciones venideras. Soñando que algún día algo empiece a cambiar. La pólvora ha vuelto a explotar. Prepárate, mundo.

viernes, 1 de abril de 2011

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Porque no hay polla más dura que la vida ni coño más húmedo que mis sábanas al avecinarse temporal de lágrimas. Todos hemos usado el sexo como vía de escape a la apatía que puebla el calendario. Dejar atrás los problemas en camas anónimas con sábanas sin etiqueta. Sí, esas mismas sábanas en las que lloras cuando se van. Sólo en la cama puedes tocar a la vez el cielo y el suelo. Allí es donde la caída es más fuerte, donde un orgasmo te acaba haciendo trizas al cerrarse la puerta.

Todo esto le contaba yo a mi almohada aquella noche, y no debió gustarle mi cantinela, porque al día siguiente me levanté con tortícolis. Y así paso los días aquí tumbado, entre agua ligeramente salada, olores sin cara y collarín de vez en cuando. Creo que  me paso al sofá.

jueves, 31 de marzo de 2011

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Nunca he sido sostenible, pero siempre acabo reciclándome y volviéndome a reciclar. Con mi propia regla de las tres erres, reflexionar, rayarme y reiniciar. Desde que nací tengo el corazón deforestado y el cerebro lleno de residuos por la ingestión masiva de CFC, CO2 y demás siglas de mierda. Yo también me repito a menudo Nunca Mais, aunque nunca acabe de limpiar los vertidos tóxicos. Mi cuerpo es un jodido vertedero en progresiva descomposición. 

Señor Dios, Yahvé, Alá o Maria Magdalena, tienes una deuda (ecológica o no) conmigo. Voy a pasarme a cobrarla en breves, y más te vale portarte bien o te convertiré en compost. Perdóname si soy demasiado biodesagradable. Tú empezaste.

domingo, 27 de marzo de 2011

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La vida está ahí. Casi puede rozarla con los dedos, le faltan dos meñiques para llegar. Corre Eva, corre, tú puedes alcanzarla. Cierra la puerta. Atráncala. ¿Dónde están los jodidos tablones? Él ya no te va a joder más, en serio. Créeme. Solo tienes que darte prisa. Se acabó la prostitución a tiempo parcial. Maquillarte con colacao los moratones. Ya no habrá más papelas en el suelo para poder aguantar sus impetuosos horarios. Sus gritos no te volverán a amargar la telenovela. Ni sus palizas tus siestas.

Ahí está la parada de taxis. El mundo te espera, Eva. Nadie te devolverá el tiempo pasado, los besos perdidos, los paseos de domingo que no diste. Aquí fuera nada es gratis, asúmelo pronto. Búscate la vida. Corretea por los callejones escondiéndote entre los cubos de basura si hace falta. Al fin eres tú, no mires hacia el pasado. Él ya no volverá más. Venga, sonríe. Nunca dejes que te vuelvan a hacer daño. Júramelo, por favor.

sábado, 26 de marzo de 2011

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Hoy, mientras iba en el Cercanías hacia la Universidad, he mirado por la ventana. He visto un poblado chabolista antes de la estación de Villaverde Bajo. He pasado por aquí dos veces al día durante más de seis meses, y nunca me había dado cuenta. No es pequeño. Tampoco grande. Me avergüenzo un poco por no haberlo visto antes, y vuelvo a mirar hacia mi libro.

La pobreza se esconde detrás de casi todas las esquinas, aunque no nos percatemos, con su determinismo biológico, su absentismo escolar y sus hurtos en el Carrefour Express. Da pena. Saber que están solo a quince minutos de la Universidad. Lo bien que les pillaría ir hasta allí. Llegarían siempre puntuales, con su manzana en la mochila. 

Es triste saber que la combinación de la marginación social y su propia auto-exclusión les mantendrá ahí eternamente, reproduciendo durante años un ciclo generacional que no beneficia a nadie. 

Es triste saber que su única mudanza será cuando a Esperanza le aburra que al otro lado de las vías, enfrente de su querida Caja Mágica, haya un poblado chabolista. Y no, no será una mudanza con camiones repletos de cómodas y lámparas de mesa. Será una mudanza con excavadoras que destrozarán lo poco que poseen. 

Es triste saber que sus hijos harán exactamente lo mismo, dormir la siesta escudriñando los huecos de luz que dejan las grietas de los cartones y las planchas de PVC del techo. Despertando entre escombros y chatarra. Esperando un mañana mejor que nunca llega.

Y es triste saber que nuestros gobiernos se empeñan en hacer de la gente pobre, gente nómada. Ese no es el problema de base. Pero bueno, mientras pasa el tiempo, pueden seguir jugando al gato y al ratón hasta que estos nómadas contemporáneos consigan descubrir un sitio donde la imagen de la ciudad no se vea deteriorada. O hasta que venga el Sarkozy de turno y les mande a mendigar a otra parte, claro. Por mi parte, buenas noches. Y ojalá que buena suerte.