miércoles, 15 de diciembre de 2010

/6/



Tantas veces a dos centímetros de tu boca, tantos días con tu piel a un palmo, tantos meses sin poder rozar tus piernas, tantos años soñando con saber a que huele tu espalda. Intenté robarte el corazón y me llamaste cleptómano, matar mis tiempos muertos entre tus piernas, y me llamaste asesino…rapté tus mejores sonrisas y nunca me lo perdonaste. Hoy me acusas de locura y ni eso reduce mi condena. Atado para siempre a tus caderas, mordiendo de nuevo el polvo. Qué tendrán tus labios que me he hecho adicto y no hay nada que me desintoxique.

martes, 14 de diciembre de 2010

/5/


Ella ríe, él llora.
Él sueña, ella destroza.
Él cae siempre al suelo, no levanta el vuelo.
Ella salta y toca el cielo, roza estrellas.
Él hace tiempo que dejó de verlas.
Él llama, ella cuelga.
Ella vive, él duda.
Él muere, ella llora.

lunes, 13 de diciembre de 2010

/4/


Defienden muchos que poesía urbana es decir polla o joder cada tres frases. Para mí poesía urbana es saber escuchar hasta los suspiros, analizar mil sonrisas y contar pecas en cualquier espalda. Hacer válido hasta el verso más denostado por la sociedad, huir de los prejuicios y dejar de pensar que un máster en la Universidad Europea vale más que años de aventuras viviendo entre avenidas y litronas. No me interesa tu cociente intelectual ni los gramos de speed que te hayas metido, limítate a parecerme interesante. A la sociedad no le interesan los mendigos o las putas, creen que no son triunfadores, pero es el miedo a descubrir vida en cualquier portal lo que les hace limitarse a entregar Premios Nobel por doquier, limitarse a arrogantes individuos asfixiados entre libros, aplaudiéndoles por elegir devorar letras y números en vez de devorar adrenalina en cualquier cama. De que te sirve tener una matrícula de honor en Matemáticas si eres incapaz de contar cuantos amigos tienes. Un antiguo estafador dijo que quien estuviera libre de pecado tirara la primera piedra, y miles de años después seguimos creyéndonos superiores a otros simplemente por la cantidad de obras de Mario Vargas Llosa que podemos recitar en 30 segundos. Por eso no me limito a la poesía del Siglo de Oro, soy urbano porque escucho la calle, porque respeto a todo y a todos sin juzgar por las tarjetas que cada uno lleva en el bolsillo.

domingo, 12 de diciembre de 2010

/3/



Globalización. Esa palabra está presente en cada uno de nuestros pasos, persiguiéndonos en cada portada, en cada titular. Afecta a todo el mundo, desde Texas hasta Australia y desde Groenlandia al Río de la Plata. Marlboro en Pekín, Eristoff en Río de Janeiro, Cocaína en Sydney. Pero es sólo una globalización económica y comercial. El mundo se convierte así en algo más completo, exportando cada país lo mejor que tiene, y consiguiendo así que todas las ciudades del mundo reflejen las mismas tiendas, la misma moda, las mismas personas. Hasta una abuela se come un kebab, y luego es incapaz de asumir que su hija esté casada con un turco. ¿Por qué no se globaliza la coherencia? ¿Por qué amamos a Obama y nos cambiamos de vagón cuando entra un negro? Un marroquí puede comprar en Zara, pero le seguirán rodeando miles de fronteras. De que le vale escuchar a Beyonce o a Shakira si cuando las baila en una discoteca, a cada nota le rodean los prejuicios. No quiero poder elegir entre Big Mac o Whopper, solo quiero que se globalice la libertad, que se globalice la igualdad, que se globalicen las sonrisas.

sábado, 11 de diciembre de 2010

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Puedo escribir los versos más tristes esta noche, pero no pienso escribirlos. Tampoco voy a escribir sonetos del amor oscuro, porque hoy en mi vida solo quiero luz. Cuando ande y haga camino, no me importará volver a pisar la senda que algún día pisé, porque estoy orgulloso de cada paso que he dado hasta convertirme en lo que soy. No quiero escuchar nanas, ni comer cebolla, porque soy marinero en tierra y si hace falta, hago que la playa venga hasta mis pies. Porque hoy poesía soy yo, no hace falta que nadie me lo pregunte, porque hoy la cuestión no es ser o no ser, simplemente no hay cuestiones. Y si hoy muero, y muero sin haberte conocido, te jodes, porque sí he vivido y eres tú el que te quedas sin conocerme.

viernes, 10 de diciembre de 2010

/1/



Te guardé en una maleta. Dividido en partes. Una vivencia en cada bolsillo y algunas de tus crueles palabras intentando que la cremallera no cerrara bien. Pensé que si la tiraba en cualquier carretera secundaria, nunca volverías. El caso es que sigues aquí. Las vivencias escaparon de los bolsillos, y las palabras se las llevó el viento. Podría haber despedazado tu cuerpo, y seguramente tus piernas, o tus dedos, no me perseguirían. En vez de eso, intenté destruir tu espíritu, para que dejara de hacerme daño. Pero no funcionó.