sábado, 4 de junio de 2011

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Odio ver cortos, medios, largos. Odio leer panfletos, revistas, libros. Odio las tertulias sobre teatro. Odio las asambleas y cualquier propuesta de debate. Odio al Muy Interesante, a Babelia y al jodido Punset. Odio que en el metro haya putos papeles colgados en los vagones con fragmentos de poemas. Odio cruzarme con la 2 cuando intento hacer zapping entre la 1 y Antena 3. Odio los museos, las salas de exposición y también odio algún graffiti que otro. Odio incluso a esos porros que conllevan cavilaciones. 

En resumen, odio toda esa cultura que me persigue día a día. Y no la odio porque no me guste disfrutarla, la repudio porque me recuerda que mientras muchos están ahí fuera en el mundo haciendo cosas, yo estoy postrado en la cama viéndolas. En serio, odio ser un sedentario de catálogo. Y mira que intento justificarme pensando que mis ideas son una mierda y que moverme no servirá de nada. Incluso a veces escribo textos como este para demostrarle al mundo que tengo algo que decir aunque él se tape los oídos.

Ni siquiera me sirve de justificación el pensar que la mente de la mayoría de la gente que conozco tampoco se mueve. Esos que van al cine todos los sábados a ver engendros audiovisuales con tal de que después vengan tres rondas de cañas, los que leen libros en el cercanías solo cuando su mp3 no tiene batería, los que compran el periódico un jueves cualquiera porque su mujer necesita papel para limpiar las ventanas.

Al fin y al cabo siempre seré un vago y un inútil, porque por mucho que me repita que tengo que leer las columnas de opinión en los periódicos, al final siempre acabo en la página de contactos.

martes, 17 de mayo de 2011

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Yo también quiero un trabajo con secretaria. Un coche con climatizador bizona. Comer sushi con palillos. Un loft con terraza en Serrano. Con calefacción central. También quiero un portero que recoja el correo en mi ausencia. Un defensa que me sujete el paraguas. Un parachoques delantero que me proteja de los golpes.

No creo que me case de penalti, y espero no tener que pedir nunca un tiempo muerto. Más bien meterle al tiempo muchos goles, y sacarle roja a las prisas, al estrés, a la rutina. Ser siempre libre directo, o indirecto. Forofo de mi mismo y en ocasiones algo hooligan, viviendo intensamente al borde del descanso. Y que al pasar de líder a farolillo rojo, la caída solo suponga un par de puntos de sutura.

Quizás nunca consiga ser un buen partido, no podemos hacerle fintas al destino. El pleno al quince tampoco me ha tocado esta vez. Acabaré siendo pichichi en cagadas, pero bueno, me consuela que al final, a todos nos espera el fuera de juego.

sábado, 7 de mayo de 2011

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Cinturón. Retrovisores. Ventanilla. Arrancar. Punto Muerto. Empieza el viaje. En primera, dónde todo son tirones, acelerando a tope y pisando el embrague si te pasas, con la inseguridad de no saber si todo esto va a calarse en cualquier momento. Cambias a segunda y parece que todo se estabiliza un poco, pero llega también el aburrimiento, el sentir que todo va demasiado despacio, que ya tu sangre fluye lento, las primeras dudas. 

Tercera, esto empieza a coger algo de vida, algo de ritmo, la última noche hasta las sábanas pidieron un tiempo muerto, y ahora solo quieres más. Llegas a cuarta y empiezas a sentir la adrenalina, las respiraciones más sabrosas, el sudor más dulce, el mar que hay en su boca. Todo es perfecto, pero pasas a quinta, y sientes que vas demasiado deprisa, empiezas a vivir el miedo, deberia frenar un poco, necesito un tiempo. Pero el tiempo de frenado se acabó hace tiempo.Era inevitable, llega la marcha atrás y todo vuelve a empezar de nuevo. Ese mal viaje del que tanto hablan.

martes, 19 de abril de 2011

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Viviendo en un mar agitado, no revuelto. En un mar sin cócteles, pero con calimocho de vez en cuando, de esos que provocan retortijones, calambres estomacales que al día siguiente te recuerdan los devaneos de la noche anterior. Viviendo en un mar repleto de olas, olas que te arrastran hasta la orilla y te hacen volver a empezar. Olas que intentan ahogarte repetidamente impidiéndote volver a la superficie. Hoy hay bandera roja, pero como todos los días, hay que salir a faenar. 

Y pasa el día entre redes enredadas y redadas policiales. Y después la noche redentora, que te hace volver al redil, que te hace darte cuenta de que has vuelto a vivir un día que no te ha ofrecido rédito. Y te redimes. De manera redundante. Pero sin éxito. Reduces la marcha una vez más y te sientes un redicho. Y te sientas en la cama, y redactas. Redondeas todos los momentos vividos y los reduces a un párrafo. Y de repente te das cuenta que la red que te envuelve ha alcanzado también tus palabras.

viernes, 15 de abril de 2011

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Donde las banderas promueven el apartheid propio y ajeno. Donde las culturas únicas, aquellas que han sobrevivido a la globalización, se convierten en arma arrojadiza. Esa gente que se siente apátrida incluso con doble nacionalidad. Continuamente en tierra de nadie. Apartados por tener una cantidad diferente de melanina.

Como alguien dijo una vez, son flores de otro mundo. Flores por las que nadie está dispuesto a dar fertilizante, flores que viven en lugares donde los endemismos no les permiten sobrevivir. Siempre en peligro de extinción, recluidas en invernaderos llamados ghettos y con plagas de racismo en primavera, pero también en otoño, invierno y verano. Esquejes en suelo árido. Pétalos y lluvia ácida. Tallos cortados. Raíces que no arraigan. Flores marchitas sin remedio.

martes, 5 de abril de 2011

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No sé que tienes, pero lo tienes. Tienes eso que hace que me fije en ti. Si te tocara, sé que sentiría electricidad. Somos de esos polos opuestos que intentan escapar pero acaban volviendo a juntarse. Quizás mañana mis labios se despegarán para decirte algo, desde luego no hoy...estoy demasiado consciente. 

Sé que habrá días donde la oscuridad devorará mis ojos, y espero que estés ahí para ser mi luz. Acompañándome de la mano hasta el final del túnel. No me importa que el camino sea eterno, cogido de tu mano todo se me hace corto. Y habrá días que no serán tan oscuros, solo nublados. Esos días donde tu risa hará que el sol vuelva. No sé si quiero saber quién eres, quizás entonces la magia se rompa. ¿Hablar o callar? Deja de reírte o me habrás convencido.

sábado, 2 de abril de 2011

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Cuando mejor se escribe, o se pinta, o se canta...es desde el odio, el inconformismo, la rabia, la violencia. En períodos de guerra. O cuando ésta acaba y los vencidos ocultan versos de esperanza entre los folletines. Y es que cuando el alma rota se despoja del cuerpo, afloran todas las pasiones. Las vivencias. La sangre. El olor a pólvora. Y, finalmente, todo lo perdido.

Solo ahí el arte consigue llegar a su punto álgido. Donde no importa lo estético o lo estilístico. Donde da igual verso alejandrino o puntillismo. Donde cada palabra es un puñal y cada pincelada una fosa común. Donde la siempre injusta muerte significa ansia por volver a luchar de nuevo. Esa pacífica lucha de todos los supervivientes, con su aguda vergüenza y sus cabezas llenas de pájaros, pájaros que nunca volverán a encontrar nidos que les acojan.

Hoy podemos decir gracias a todos esos artistas. Por sus noches pensando hasta dónde puede llegar la crueldad del hombre. Sus despertares con la esperanza de que lo que escriben o pintan sirva de inspiración para las generaciones venideras. Soñando que algún día algo empiece a cambiar. La pólvora ha vuelto a explotar. Prepárate, mundo.

viernes, 1 de abril de 2011

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Porque no hay polla más dura que la vida ni coño más húmedo que mis sábanas al avecinarse temporal de lágrimas. Todos hemos usado el sexo como vía de escape a la apatía que puebla el calendario. Dejar atrás los problemas en camas anónimas con sábanas sin etiqueta. Sí, esas mismas sábanas en las que lloras cuando se van. Sólo en la cama puedes tocar a la vez el cielo y el suelo. Allí es donde la caída es más fuerte, donde un orgasmo te acaba haciendo trizas al cerrarse la puerta.

Todo esto le contaba yo a mi almohada aquella noche, y no debió gustarle mi cantinela, porque al día siguiente me levanté con tortícolis. Y así paso los días aquí tumbado, entre agua ligeramente salada, olores sin cara y collarín de vez en cuando. Creo que  me paso al sofá.